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Cuando el libro se vuelve plato: Crónica de una Lectochef glotoliteraria

Actualizado: hace 6 días

Ilustración de Laura Maria Vega Molone, texto: Cuando el libro se vuelve plato Inforage.

Existe una expresión recurrente en los ámbitos educativos y culturales: Todo está en la lectura. Se dice que la lectura es esencial, transforma vidas, abre la mente y ayuda a pensar con claridad. Y sí, es verdad; de hecho, esta afirmación está respaldada por varias investigaciones académicas. Al respecto, Zapata et al. (2024) señalan lo siguiente:

La lectura constituye un pilar fundamental en la formación de las personas, pues es por medio de esta que se puede obtener un sin número de beneficios como alcanzar más conocimientos, mejorar la comprensión de textos, leer con fluidez, optimizar el léxico, fortalecer el pensamiento crítico reflexivo, entre otros (p. 822).

Sin embargo, esa verdad tan popularizada choca a menudo con la realidad de quienes la perciben como una tarea o un hobby fuera de su alcance, alejado de sus gustos y prioridades.


Después de un tiempo trabajando en bibliotecas promoviendo la lectura, he aprendido que, para muchas personas, el motivo para leer no está claro, y esto puede incluso provocar una actitud negativa, viendo la promoción de la lectura como una pérdida de tiempo. No basta con insistir en lo importante que es leer. Por eso, muchas veces me pregunté: ¿qué podría marcar la diferencia? En un restaurante, un mesero no elige lo que puede gustarme; en cambio, sí puede describirme un plato a detalle, con muchas opciones, para que yo escoja lo que quiero.


¿Y si el problema con la promoción de la lectura no reside en el libro en sí, sino en la forma en que lo presentamos? Algo así como cuando la comida no apetece, no porque esté mala, sino porque no se ve atractiva o no se sirve bien. Esta necesidad de "servir mejor" la lectura para hacerla más atractiva es exactamente lo que proponen algunos autores. Por ejemplo, Jaramillo et al. (2019) sugieren una receta concreta al afirmar que:

Los intereses de los estudiantes por la lectura han disminuido, debiendo desarrollarse estrategias colaborativas de lectura entre la escuela y la familia mediante talleres dinámicos con énfasis en la proactividad para mejorar sus capacidades comunicativas y la interacción social (como se cita en Fernández-Rubio, 2024, p. 68).

Pedirle a alguien que lea más es como decirle que coma mejor. La recomendación por sí sola es insuficiente; lo que realmente funciona es ofrecer un menú variado y tentador. La urgencia de este enfoque se hace evidente en estudios recientes que demuestran que el 86.7% de los estudiantes lee por compromiso u obligación, y no por deleite (Zapata et al., 2024). Por eso decidí que ya no quería ser solo bibliotecóloga, y me convertí en una Lectochef, alguien que cocina experiencias literarias, mezcla ingredientes, sazona historias y sirve lecturas que despiertan el gusto por leer. Porque sí, la lectura es fundamental, pero el método de presentación puede marcar la diferencia entre el rechazo y el descubrimiento.

Personas que nunca habían mostrado interés por la biblioteca se sintieron atraídas al verla transformada en un restaurante de libros: Gourmet de Palabras, una propuesta para fomentar la lectura como una experiencia divertida y sabrosa, en lugar de una tarea obligatoria: una experiencia glotoliteraria.


Está bien, glotoliterario y Lectochef son palabras nuevas nacidas de mi vocabulario; son la inspiración para promover la lectura desde una perspectiva novedosa. La biblioteca dejó de ser ese lugar silencioso para convertirse en una cocina de experiencias, donde se preparaban lecturas con sabor y se alimentaba el alma. Leer significa conectar activamente con el texto, interpretarlo y darle nuevos sentidos.


La lectura es como la cocina. Seguramente alguna vez han preparado algo para alguien cercano, cocinando siempre con amor. De la misma forma, si yo aspiro a escribir bonito, quiere decir que disfruto de quienes escriben textos apetecibles. Quien va a un buen restaurante y aprecia su comida es porque, aunque no sea el mejor chef, es un aficionado que entiende el valor de un plato bien preparado.


Como Lectochef pude identificar que no todo el mundo ve la lectura como algo importante o necesario, y está bien; las críticas nos obligan a pensar más allá de lo obvio. Es crucial moderar las expectativas, una idea que Yepes (2010) matiza de forma realista al señalar que:

“La lectura no hace bueno a nadie por sí sola, tampoco garantiza la felicidad total –quizá chispazos” (p. 67).

Este apunte es fundamental para comprender el alcance real de esta labor. Aunque leer no es la solución mágica para todos los problemas, sí puede ser una puerta abierta a nuevas formas de ver, sentir y conectar.


He descubierto que el objetivo no es imponer la lectura como una obligación; es, por el contrario, presentarla como un banquete lleno de opciones, pensado para cada gusto. Cuando hacemos eso, muchas barreras empiezan a desaparecer. Tal vez no logremos que todos cambien de opinión, pero sí podemos invitar a más personas a probar un plato literario hecho a su medida, teniendo en cuenta toda la colección de la biblioteca.


Por eso, al contar esta experiencia, mi invitación es a dejar la solemnidad a un lado, visitar las bibliotecas y descubrir los secretos de la lectura no en un tratado pesado, sino en el aroma de un Capuchino de historieta, en el picante de un Ceviche ortográfico o en la dulzura de una Trova en salsa de amor, porque, al final del día, el mejor libro es ese que te deja con ganas de pedir otro, exactamente como un buen plato.



Escribo estas palabras con la misma devoción con la que se prepara un plato para la familia, una Trova en salsa de amor, receta cuyo secreto no está en un manual, sino en el corazón. Por eso siento que el broche de oro de este menú no pueden ser mis palabras, sino aquellas en las que los ingredientes se encontraron en una reunión familiar. Aquí se cocinó la esencia de este sentir en una décima:


 Aquel que a leer inspira

y a conocer el idioma,

a todo el mundo este doma,

pues no les cuento mentira.

Su mundo todito gira,

le llega el conocimiento;

insisto que no les miento,

cada que un libro se abre,

su palabra es dulce y loable,

es un ave sobre el viento.


Este artículo está inspirado en la actividad realizada en el año 2017 en la Biblioteca Pública Municipal Hernando López Rodríguez de Mesitas de El Colegio.

 

Referencias


 

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